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La construcción del partido y la situación revolucionaria

  • Diciembre
  • 24 abr 2020
  • 21 min de lectura

Actualizado: 29 abr 2020


Sobre una escuela de cuadros del PST y la revolución de los claveles1



El siglo XX es considerado por los marxistas como el siglo que abrió la época de las crisis, guerras y revoluciones. Y no es para menos, dado todas las convulsiones que se sufrieron a lo largo y ancho del globo a raíz de los desarrollos de la lucha de clases entre los capitalistas y la clase obrera. Las distintas revoluciones rusas, los fallidos intentos de toma del poder en Europa occidental, el desarrollo del fascismo, las guerras mundiales, las revoluciones anticapitalistas a la salida de la segunda guerra mundial, las rebeliones al calor del Mayo Francés, y tantos fenómenos que se nos escapan de esta enumeración.


No hay ninguna duda, el siglo XX fue un verdadero laboratorio de la lucha de clases. Es por esto que es un deber para los marxistas revolucionarios, para los trotskistas, intentar aprehender todos los conocimientos posibles de las experimentaciones ocurridas en ese laboratorio. Y para ello debemos estar atentos a las especificidades que tuvo cada experimentación de ese siglo. Porque si bien de todas las experiencias se sacan conclusiones, no todas tienen las mismas determinaciones. Se debe estar atento a las distintas especificidades de cada experiencia para extraer la mayor cantidad de conocimientos, dependiendo del fenómeno dado.


Es por ello que, para estudiar las experiencias de nuestra tradición revolucionaria durante el transcurso del siglo pasado, hay que hacer algunas anotaciones sobre el momento en que se detenga la observación. La primera anotación que se debe hacer se trata del elemento diferencial de la segunda mitad del siglo XX con respecto a la primera. Nos referimos a que fue en esta segunda mitad es que se dieron los primeros intentos de los integrantes del marxismo revolucionario que, post-revolución rusa, apostaban a la construcción del partido, al mismo tiempo que convivían con la marginalidad impuesta por la competencia con el estalinismo, por un lado; y con fenómenos a la izquierda del estalinismo (Maoístas y castristas), por el otro. Si lo normal en los primeros 30-35 años del siglo era que las organizaciones revolucionarias tuvieran una fuerte inserción en la clase obrera, esto fue tan solo una excepcionalidad en la segunda mitad2. Es por ello que reflexionar sobre sus tácticas y la estrategia que se dieron para construir sus organizaciones en distintos momentos -con éxitos que, si bien no los llevaban a ser organizaciones de masas, si les permitieron tener algún relativo crecimiento- tiene una enorme importancia al día de hoy, donde los trotskystas seguimos siendo absolutamente marginales, y ni siquiera nos acercamos a esas pequeñas organizaciones que nuestros antecesores supieron construir.


A este objetivo viene a aportar este análisis de una escuela de cuadros realizada por el PST en 1976. Una escuela de cuadros que intento extraer reflexiones y conclusiones sobre la intervención del morenismo internacionalmente y su accionara para enfrentar los problemas de la construcción del partido revolucionario en el único contexto donde se puede construir definitivamente tal organización: En una situación revolucionaria3. Es por ello que esta instancia de formación toma la experiencia portuguesa, la revolución de los claveles, para pensar una estrategia y una táctica adecuada con la cual crear la herramienta que necesitan los explotados y oprimidos en la lucha por la liberación del yugo capitalista.


1- De pequeño grupo a partido revolucionario al calor de la etapa revolucionaria.


La primera problematización que toma el histórico partido del morenismo argentino es en torno a la cuestión sobre la posibilidad de pequeños grupos militantes (de 200 integrantes) de construir al calor de la situación revolucionaria un verdadero partido revolucionario. Es allí que se introducen varias distinciones metodológicas interesantes para luego discutir con el resto del trotskysmo internacional. 


Primero se aclara que la cuestión -dado la pequeñez de las organizaciones que intervenían en el proceso portugués- se trataría de construir un partido con influencia de masas y no un partido trotskysta de masas. No porque su política no fuera a ser revolucionaria, sino que por su dinámica interna, al menos en principio, no tendría un funcionamiento “bolchevique”. Esto sería con discusiones al interior de la organización, tradición partidaria, acumulación de cuadros formados al calor de la lucha de clases, disciplina jerarquizada, etc. En segundo lugar se aclara que tal partido tendría “influencia” en las masas pero aún no las dirigiría porque eso solo sucedería en las vísperas de la toma del poder, y no en la situación revolucionaria.


Aclaradas estas cuestiones, Moreno -que fue el que dictó este curso para los cuadros argentinos- aclara 4 leyes que deben saberse en la construcción revolucionaria:


  1. Debe existir una situación revolucionaria para los saltos constructivos de masas. Esto significa que, a pesar de la necesaria tarea de acumulación de cuadros y experiencias que deben atravesar las organizaciones trotskystas, el verdadero salto hacia las masas solo se podrá dar en un proceso global de crisis de la sociedad burguesa.

  2. Como segunda ley el dirigente argentino presenta una explicación de la primera: La construcción del partido solo será posible cuando surgen corrientes de masas que se orientan con posiciones revolucionarias. Una verdadera corriente de masas revolucionarias, con conciencia de que solo la revolución podrá liberarlos de sus cadenas, es la fundamentación de la construcción del partido que posibilitara la ruptura de las cadenas, y no al revés.

  3. El partido se construye en un proceso convulsivo. No existe el tiempo homogéneo, la acumulación pasiva de la socialdemocracia. Solo con rupturas, con digresiones, con crecimientos explosivos se puede construir un verdadero partido revolucionario. Los núcleos de revolucionarios realizando tareas propagandistas se transforman llevando a que esos grupos expliquen pocas consignas a amplios sectores de masas, y estas masas las tomen, las lleven adelante. Empieza a construirse de a miles el partido, geométricamente, y no de a pequeños grupos, o por pocos individuos.

  4. Dado el contexto que viven en ese momento -y por lo tanto no cumpliría el cáracter de ley, aunque así la considera en el curso- se explica una cuarta indicación según la cual el proceso se daría a través de frentes únicos con corrientes masivas de tendencias revolucionarias. Solo sabiendo realizar frentes únicos, con una hegemonía por parte de los sectores trotskystas, se podrá construir un partido revolucionario con influencia de masas (y no un partido bolchevique con todas las letras)


Caben algunas aclaraciones a todo lo dicho. En primer lugar estas 4 leyes tienen como objetivo orientarse ante el proceso revolucionario portugués y a señalar los errores de los “primos” trotskistas que eran mandelistas o del SWP estadounidense. Por un lado, el mandelismo consideraba que, dado que no existía ningún partido revolucionario con antelación a que se iniciara el proceso, la tarea en cuestión sería disolverse en el MFA, más exactamente en el ultra-izquierdismo de ese grupo militar. No existía posibilidad de construcción del partido, había que llevar adelante un seguidismo a la "dirección" del movimiento en ese momento. Con una orientación igual de derrotista, el SWP se basaba en la misma premisa de ausencia del factor subjetivo -es decir el partido- y propugnaba que el núcleo revolucionario se dedicara a hacer propagandismo, círculos de lectura, para introducir al trotskysmo en portugal y paulatinamente construir una organización trotskista. Si se impusiera un gobierno izquierdista, obrero, campesino; o si se impusiera la reacción, lo mismo daría. La cuestión era formar al trotskysmo con una cierta cantidad de cuadros, y después se vería.


Moreno, en un enfoque mucho más dialéctico de las cosas, comprendía que no se podía el trotskismo arrodillarse ante el hecho consumado de la inexistencia del partido, y tendría que pensar la forma de resolverlo, la cual no podría darse rehusandose a intervenir en el desarrollo del proceso o disolviendo su actuación en otro sector, sino desplegando una política propia que buscará construir hegemonía en esos nuevos sectores sociales que entraban a escena y que buscaban una nueva representación política que defendiera sus intereses.


Pensar que el partido revolucionario se puede construir con antelación a que se den las situaciones revolucionarias, o pensar que esa construcción tiene tiempos homogeneos, paulatinos, que siempre tienen las mismas inercias es no comprender lo intempestivas que son las situaciones revolucionarias. Nunca llegan en el momento adecuado, no se pueden prever con la exactitud de un reloj. No puede calcularse cuando la burguesía se va a equivocar, cuando las masas van a entrar en escena para no salir del escenario por largo tiempo, no se puede saber cuál será el eslabón que se romperá de la cadena burguesa, ni cuál será el fundamental que dirija la revolucionaria. Se pueden tener hipótesis, pero no se puede contar con una exactitud matemática.


Es por ello que es interesante la introducción que se hace del frente único con organizaciones centristas o de izquierda que nucleen a corrientes de masas. Ciertamente, aunque esto sea, una vez más, la propuesta de la táctica del frente único revolucionario que muchas veces funcionó en el morenismo para justificar desviaciones oportunistas4, no deja de tener su potencialidad como respuesta política dado el contexto (organizaciones trotskystas muy pequeñas, situación revolucionaria y giro a la izquierda de las masas obreras y campesinas). Ciertamente no hay que descartar la posibilidad de que el partido se construya desarrollando frentes únicos que impliquen políticamente a otras organizaciones de masas con tendencias hacia la izquierda aunque no necesariamente revolucionarias. Esto siempre y cuando no se renuncia a la estrategia fundamental de priorizar a la clase obrera como el sujeto principal del proceso; que esas organizaciones de masas tengan real representación en la clase obrera, que tengan posiciones o tendencias hacia la izquierda, que no se renuncie a la propia independencia de clase y que la organización no se ate de manos, no se diluya, dentro de posiciones políticas ajenas a los intereses de la revolución.


El partido no puede salir de un repollo, ni con un programa ya hecho y legado a nosotros desde el cielo por Marx. pueden hacerse concesiones a organizaciones centristas a la hora de algunos objetivos políticos, algunas concesiones respecto a alguna táctica, como forma de construir un frente único que pueda intervenir en la situación revolucionaria para empujarla hacia la toma del poder. Los trotskystas deberán buscar hegemonizar a estas organizaciones para que defiendan las posiciones estratégicas esenciales que se requieren para llevar adelante la revolución, y no se deberá renunciar a estas posiciones por nada en el mundo. Cuando esté en una absoluta minoría, deberá llevar adelante un diálogo crítico con las masas para poder construir el partido que lleve la revolución a cabo. No se puede ser sectario con esto. Pensar que solo la organización revolucionaria puede nacer del purismo, que solo puede nacer por la auto-construcción de la organización trotskysta de 200 militantes es no comprender la realidad.


Esto se hace concreto en el texto:


“¿Tenemos que luchar por ganar algunos compañeros para nuestro partido? ¿Los convencemos sobre el trotskysmo? ¿Hay que convencer a esta corriente de la corrección de nuestro programa y, tratando de movilizarla a través de consignas transicionales, llevarla a nuestro partido? No. Eso no es trabajo de masas, cosa que casi ningún trotskysta entiende. Una corriente de masas solo va a romper con su partido a través de consignas de movilización de masas. No es cuestión de sacar gente a mordiscones. Así comienza el arte del trotskysmo, que consiste en no hacer política propagandistica sino levantar consignas agitativas, ya que la ruptura de los grandes partidos de masas sólo se produce por grandes movilizaciones de masas alrededor de determinadas consignas. Entonces captaremos por las consignas, por la movilización, no por el programa.” (Escuela de cuadros 1976, pag 11)


La indicación es clara, en etapas o momentos revolucionarios, el trotskismo mayormente marginal debía tender propuestas de frente único, de movilización concreta para que la clase obrera avance en sus objetivos, y no en declamaciones programáticas más sectarias que funcionales para el partido. Al calor de estas experiencias es que el trotskysmo ganaría para su política nuevos adeptos, mayor influencia en amplios sectores, y no actuando con ultimatismos, imponiendo propuestas programáticas como condición para el desarrollo de instancias de frente único.


Ahora bien, un frente único con organizaciones centristas o tendencias izquierdistas no puede ser considerado una ley. Aunque no es necesariamente oportunismo este desarrollo, sino una táctica para intervenir en una situación concreta, depende de cada momento de la realidad el que permitirá o no desarrollar un frente o un diálogo con este tipo de organizaciones. Hacer frentes que son masivamente pequeño-burgueses y no tienen casi representación en la clase obrera, o desarrollar organismos que renuncian a la autonomía de los partidos trotskistas o a sus posiciones estratégicas, no es una táctica revolucionaria sino seguidismo oportunista. También puede suceder que no exista una organización centrista o con tendencias izquierdistas, entonces la posibilidad de desarrollar una instancia de frente único sea inexistente. Sea como sea, se denota que aunque las primeras tres enunciaciones que hace Moreno puedan ser consideradas como leyes que rigen la realidad donde actúan las organizaciones revolucionarias, la cuarta dependerá de la situación concreta.


2- La elaboración de la política para construir el partido.


Luego de algunas ejemplificaciones en torno a la posibilidad de construir partidos de masas (Basándose en las experiencias de la guerra civil Española, la huelga general francesa del 36 y la revolución boliviana), el guión de la escuela de cuadros empieza a abordar más específicamente sobre cuestiones metodológicas que se deben tener en cuenta para desarrollar política tanto de formas generales como particularmente en las situaciones revolucionarias. Estas preguntas metodológicas que los partidos deberían responder son básicamente 5:


1- Cuál es el carácter de la etapa en la que se va actuar. Es decir, si a mediano plazo se está en una situación revolucionaria, pre-revolucionaria, reaccionaria, contrarrevolucionaria, defensiva, ofensiva, o como prefiera definirse en base a los elementos objetivos y subjetivos de la realidad. Pero con definir el cáracter de la etapa uno no resolvería la cuestión. En el analisis habría que “precisar las sub-etapas, las características específicas de la situación(...) debemos señalar que contradicciones hay dentro de esta definición, que aspecto la anula y la hace más débil, que matices adquiere” (Escuela de cuadros 1976, pag 7). La cuestión de la caracterización, además, debería estudiar cual es el eslabon esencial de la situación, ver cual es la principal contradicción de la etapa para afinar la caracterización.


Esta contradicción fundamental en la etapa revolucionarias se trataría de la contradicción del desarrollo desigual y combinado de la conciencia en relación con las acciones que llevan la clase obrera y las masas. El atraso del factor subjetivo y la necesidad del partido de ser el punto de apoyo para que la clase obrera desarrolle su conciencia.


En una caracterización que sorprende en una corriente política que, menos de una década después, desarrollaría una teoría donde la revolución se daría por factores objetivos (literalmente como si se tratara de un coche en la pendiente) el morenismo sostiene lo siguiente para delimitarse tanto del Mandelismo como del SWP:


“¿Cual es la contradicción fundamental? primero debemos analizar que características tiene la contradicción fundamental. Si la conciencia está más avanzada que las acciones de la clase, la etapa no es revolucionaria ni pre-revolucionaria. Si se invierte la relación entre las acciones y las conquistas revolucionarias con la conciencia, la etapa si lo es. (Hay que precisar lo mejor posible qué dice el obrero, no decir generalidades). Luego de precisada esta relación, no podemos tomar en cuenta solamente las acciones de las masas, como hace la mayoría [Mandelista. MM] o solamente su nivel de conciencia como hace el SWP. Es criminal eliminar cualquiera de los dos factores. En una situación revolucionaria tomamos los dos elementos para tratar de elevar la conciencia a otro nivel, pero para elevarla partimos de que es muy contradictoria y muy dinámica, y entonces tratamos de desarrollar la contradicción" (Escuela de cuadros 1976, pp 9-10)


La cuestión se trataría  en parte de estar atentos a las acciones que realiza la clase obrera, para definir la etapa, pero con eso solamente no alcanzaría. La tarea del partido sería desarrollar las contradicciones que tenga esa conciencia, para que avance. Proponer acciones concretas que desarrollen y profundicen las acciones revolucionarias o progresivas que ha llevado adelante la clase, y desarrollar consignas que se dediquen a las limitaciones en tanto representación política de la clase obrera, en tanto confusión de sus intereses históricos. En el caso portugués llega a proponer dos consignas con este objeto, una que considera “revolucionaria”, con el objetivo de que se desarrollen mas acciones de esta indole, tratándose en este caso de la propuesta y otra de control obrero para gobernar todo el país -dado que ya se estaban desarrollando comisiones obreras en las fábricas y los sindicatos- , y otra que consistiría en la propuesta de elecciones libres, y no un gobierno militar, dada la confianza existente en el PS portugués por parte de las masas obreras.


Y aunque en esta propuesta Moreno no problematiza sobre la necesidad de construcción de organismos de autodeterminación más que de forma indirecta, y no indica la posibilidad de que el partido los levante como consigna, lo que es, en algún punto, perder de vista el factor subjetivo por no comprender la necesidad de impulsar el autogobierno obrero; y aunque explícitamente indica que el objetivo de estas consignas es la movilización como punto central -y no desarrolla el trayecto que debe hacer la conciencia para equilibrarse con la acción- ciertamente se trata de una concepción más profunda sobre la combinación de los factores subjetivos y objetivos que la posteriormente tomada en la década de los 80´, donde la revolución se daría por factores objetivos, sin importar la representación política que la dirigiera, y que en todo caso habría un tránsito entre una revolución democratica dirigida por sectores ajenos al partido revolucionario y luego se daría una revolución propiamente socialista.


Caben dos menciones, que, dado la extensión de lo anterior, se podían dejar pasar y no sería correcto. 1- La preocupación que tiene Moreno para saber lo que le pasa por la cabeza a la clase obrera (y no “decir generalidades” de lo que atraviesa su conciencia). Este un gran elemento que hay que tener en cuenta a la hora de hacer política revolucionaria. Hay que pulsar al máximo el ánimo de las masas en general y de nuestra clase en particular. Esto no es un simple decir, tiene que hacerse concreto. 2-Según Moreno en este caso -el de etapa revolucionaria- la conciencia por detrás de la acción sería la característica que existiría en todos los casos donde se diera una situación plausible de acabar con la toma del poder. Pero, dado el desarrollo de múltiples acciones de la clase obrera que combaten a su enemigo de clase, no habría mejor momento para que el partido pueda desarrollar su objetivo que es colaborar en tanto herramienta construida por la vanguardia de la clase obrera para ayudar a avanzar al conjunto de su clase en una clara perspectiva de sus intereses históricos.



2- Cuál es el sector en el que se va actuar y la forma en la que se va a orientar la militancia. Si en el movimiento estudiantil, en la vanguardia, en las fábricas de tal o cual ciudad o provincia, etc.


Para decidir la orientación lo que habría que detectar es donde se desarrollan las corrientes más progresivas o revolucionarias de la sociedad, sabiendo observar los pequeños síntomas de cada sector, que serían indicadores para observar su predisposición a la lucha de clases. En este caso también se debe estar atentos porque un error implicaría trabajar durante largo tiempo en un sector que no lleva adelante grandes luchas.


3- Cuál va a se la táctica y la estrategia que se tendrá en ese determinado período.

Luego de aclarar que estrategia es el plan más general del partido y la táctica es para un determinado evento de la lucha de clases, o para un determinado momento, este curso indica que existirían dos estrategias constantes del partido y una específica para las situaciones revolucionarias. Mientras que las dos constantes serían la construcción del partido y tomar el poder, la específica sería la construcción de los organismos de poder, solo plausibles en este período, teniendo esta ultima el deber de funcionar como lazo de las dos estrategias constantes que defiende el partido.


Aunque correcta la idea de que se debe tomar como parte central de la estrategia el desarrollo de los organismos de poder en situaciones que está planteada la revolución proletaria, llama la atención que esto sea pensado como forma de llegar a la toma del poder y no -a riesgo de ser repetitivos- como herramienta para desarrollar la conciencia de la clase a la que la toma del cielo la desvela. Evidentemente el “olvido” en el punto 1 respecto a los organismos de auto-determinación son parte de una comprensión integral del desarrollo de la conciencia de la clase obrera, una comprensión integral que no percibía a las asambleas obreras como herramienta para cumplir este objetivo, sino meramente como medio para que el partido alcanzara la toma del poder.


Como fuera, es innegable que, de todas formas, esta observación de tres estrategias esenciales a la hora de abordar las etapas revolucionarias le permitió no solo observar que en estas situaciones la estrategia lo es todo, y las tácticas a aplicar varían incluso diariamente por la sucesión de acontecimientos que ocurren en estos días llenos de giros bruscos y bifurcaciones, y que le permitió una mejor ubicación que el mandelismo -que en su disolución dentro del ala izquierda militar renunciaba a la estrategia de la construcción del partido- y que el SWP -que transformo la consigna de un gobierno del PS-PC en la estrategia, y no la toma del poder, la construcción del partido o el desarrollo de un auto-gobierno obrero-.


4-Cuál va a ser la fórmula de gobierno que se dará la organización para propugnar la toma del poder. Es decir, con que consigna de transición se va a intervenir para que la clase trabajadora llegue al gobierno.


Respecto a esta pregunta, Moreno considera que es una táctica que permanentemente debe darse un partido en su intervención para lograr que las masas rompan con la burguesía. El considera que sólo con fórmulas concretas se podrá llevar adelante esta ruptura, y probablemente no se equivoca.


Sostener que la táctica es permanente, pero que varía según el caso, es posiblemente la mejor resolución que pueda tomar una organización revolucionaria en general y esencialmente en momentos donde se abren cuestionamientos profundos a la sociedad burguesa o, por lo menos, a la continuidad de algún gobierno que administra los negocios capitalistas. Es parte de una línea esencial para una organización revolucionaria la consigna de transición, la táctica que se levanta, para llevar transicionalmente los desarrollos de la lucha de clases a un gobierno obrero. Salvo el poder, todo es ilusión. Los revolucionarios luchamos por una transformación material de la vida de los explotados y oprimidos, no para cultivar ninguna nueva ilusión. Es crucial que las organizaciones consigan construir fórmulas de gobierno obrero que consigan equilibrar las necesidades de las masas con el nivel de conciencia que tienen amplios sectores en ese contexto dado.


5- Cuál será el programa y cuales las consignas centrales que se plantean en ese determinado período.


En este apartado, Moreno explica cómo se construye un programa (basando su contenido en las necesidades objetivas e históricas de la clase obrera, y no en sus aspiraciones) y las consignas como la mediación concreta para llevar los puntos esenciales del programa a las masas. También escribe algunas líneas donde explica brevemente el encadenamiento que se deben dar de una consigna con otra, que tienen que ser una sucesión transicional, puentes para el desarrollo de las acciones y de la conciencia de la clase obrera.


En este marco es que desarrolla una interesante tipología de consignas, distintas para cada circunstancia:


A-Las consignas propagandísticas, que son para convencer, que en otro texto muy famoso suyo5 fueron definidas como las consignas que son para “dar muchas ideas a unos pocos”. Estas consignas tendrían como destinatarios a los sectores de vanguardia o los sectores con un dialogo más estrecho con el partido; servirían para aclarar todas las vicisitudes, dudas de los obreros, respecto al programa del marxismo revolucionario. Estas consignas, en definitiva, servirían para desarrollar discusiones.


B-Las consignas agitativas, que en el texto ya citado se mencionó como la contracara de la propaganda: pocas ideas que se llevan a miles de personas. Son dos o tres consignas que se desarrollan con el objetivo de explicar lo esencial a miles, de explicar la agenda política en frases muy cortas, en explicar la propuesta fácilmente, al mismo tiempo que se dialoga con las aspiraciones de las masas. La forma de estas consignas se desarrolla con particular atención a los deseos de las masas, para introducir los elementos del programa revolucionario en los más amplios sectores de masas, pero partiendo de donde están parados esos sectores.


C-Las consignas para la acción. Estas consignas Moreno las califica como las más complejas de poder impulsar acertadamente, y también las más importantes. Ciertamente su importancia deriva que es desarrollando acciones cada vez más radicalizadas, la forma en que aumentan las posibilidades de que se desarrollen y cristalicen avances en la conciencia de la clase trabajadora. Igual de cierto es que, siendo organizaciones pequeñas, pulsar exactamente el ánimo de las masas para encontrar la formulación adecuada que llenara de fuerzas para salir a ocupar las calles contra el enemigo burgués es una cosa compleja. Muchas veces no se acertara en el desarrollo de estas. Más se tendrá que ejercitar la formulación de este tipo de consignas, porque sin un uso adecuado de estas jamás se podrá imaginar el triunfo en grandes conflictos obreros, mucho menos el triunfo en la más grande revolución que ha tenido que afrontar la humanidad.


Es necesario aclarar que, aunque presentado así resulte esquemático, Moreno tenía un enfoque dialéctico de estas consignas. No las consideraba totalmente apartadas, sino complementarias y que incluso algunas podrían ocupar más de un rol dependiendo de la circunstancia. Por ejemplo, en torno a la revolución de los claveles, planteaba que levantar la consigna de control obrero tenía una doble funcionalidad: propagandística por un lado, ya que servía para llevar a la vanguardia como es que se piensa el gobierno obrero en el programa del marxismo; y por otro lado de acción, ya que era un llamado a la clase obrera para que impulsará nuevos organismos y desarrollará más profundamente sus luchas.


Conclusiones


El enfoque de Moreno del conjunto de problemas que tienen organizaciones minoritarias del trotskysmo a la hora que se abre el desafío concreto de llevar adelante una revolución es interesante porque no peca -en este caso- ni de sectario ni de oportunista. Al mismo tiempo no introduce facilismos a la hora de explicar su política, y no presenta sus indicaciones como si fuera seguro que llevándolas adelante, haciendo lo que él dice, la revolución estará a la vuelta de la esquina.


Las leyes que explicita, en este caso, sobre la revolución no son el descubrimiento de la pólvora, ciertamente, pero teniendo en cuenta que el trotskysmo olvido y olvida como es que tiene que intervenir un partido a la hora de etapas de rebelión o de revolución, pecando muchas veces de sectario, sus indicaciones son esenciales para comprender las formas en que se debe intervenir.


Su comprensión de que, aunque una de las estrategias permanentes deba ser la construcción del partido, esta no es de ninguna manera una construcción ombliguista, de captación de individuos o pequeños grupos, sino que es una construcción ligada directamente al desarrollo de la lucha de clases, y parte de la idea de que solo ayudando a la clase obrera a que empuje más fuertemente en su accionar a su enemigo burgués se pueden pegar saltos en la construcción. Es decir, más gana el partido realizando diálogos y frente únicos, con las corrientes existentes en el movimiento de trabajadores, con motivo de impulsar acciones revolucionarias (porque estas ayudan a las masas a sacar las conclusiones de quien las apoya y quien no) que negándose a realizar cualquier tipo de diálogo o a funcionar como herramienta meramente propagandística de ciertas ideas, para captar a tal o cual activista.


Esto no significa que no se construye a la organización, sino que ilumina y comprende la verdadera dinámica de construcción partidaria: se desarrolla al calor de la lucha, y no del mero propagandismo, tan estéril e inútil en estos casos.


Su gran comprensión del factor partido en estas situaciones, lo lleva a entender que tampoco se trata de diluir a la propia organización en frentes únicos o atrás de fuerzas pequeño-burguesas, con la excusa de que ese accionar permitirá desarrollar la revolución. Si bien hay que admitir cierto diálogo, diálogo no significa capitulación. Esto es interesante, dado que algunas variantes del Morenismo en ocasiones han terminado diluyéndose atrás de fuerzas que nada tenían que ver con el socialismo y la clase obrera, excusándose en estos supuestos frentes para hacer avanzar las luchas o la organización de nuestra clase.


Pero su comprensión clara de la necesidad de tomar el poder y de construir el partido como tareas estratégicas que iban de la mano no se vió acompañada por una comprensión igual de clara del rol que deben jugar los organismos de auto-determinación obrera tanto en la revolución como en la estrategia partidaria. Ubicarlos como mediador que permitirá al partido acceder al poder, y no como organismos con derecho propio de existencia, que pueden ser enormes herramientas para elevar la conciencia de la clase es minimamente un error, que subestima la importancia que tiene cierto nivel de auto-organización y no comprende hasta el final la necesidad de una verdadera democracia socialista.


No queremos decir con todo esto que los organismos de poder sean esenciales para la toma del poder. Puede haber revoluciones socialistas sin soviets. Pero creemos que sería más sencilla la tarea de equiparar el nivel de conciencia con el accionar de la clase -el gran problema histórico de toda revolución- si existiesen estos organismos. No es un simple paso transicional del partido hacia el poder, es un problema de la elevación de la conciencia. Es por ello que el partido siempre que se den situaciones de desborde del poder burgués debe llevar adelante la agitación por estos organismos. Aún más, esto tendría mayor importancia con posterioridad a la toma del poder, dado que se hara necesario crear instancias para enfrentar las tentaciones y presiones burocráticas, así como también fortalecer el lugar político de la clase obrera en el seno de la nueva sociedad.


Algún defensor de Moreno podrá objetar que esto fue sencillamente un olvido debido a que se trataba de un dictado de curso de unas pocas hojas, de unas pocas horas, y no el desarrollo integral de una teoría coherente no es posible decir que fue sencillamente un olvido dado que con el tiempo -y el desarrollo de la teoría de la revolución del morenismo- cada vez más los organismos de poder de la clase obrera fueron reducidos en importancia.


Sea como fuere, es innegable que fue el Morenismo el sector del trotskismo que tuvo la línea política que mejor entendió lo que debía hacerse en el contexto portugués, y ciertamente esta escuela de cuadros -que buscaba polemizar y armar a la militancia en los debates internacionales, lo cual es un gran acierto- deja lecciones políticas y metodológicas interesantísimas, enormemente reflexivas y de gran olfato político, que no se puede uno dar el lujo de despreciar.


Martin Mandeb


1- Tomamos esta escuela de cuadros de un texto de Nahuel Moreno que puede encontrarse en http://fundacionpluma.info:8080/xmlui/


2-El POR en la segunda revolución Boliviana, que llegó a tener una gran influencia en la clase obrera, y que la dilapidó en gran parte al llevar adelante un seguidismo en el nacionalismo burgués boliviano, el MNR.


3- Además de servir para delimitarse de sus oponentes el trotskysmo, el mandelismo y el SWP devenido en castrista.


4- El Frente único revolucionario (FUR) fue una táctica que el morenismo propugno en 1958 (En las llamadas “tesis de Leeds”) donde se llamaba a la realización de frentes con corrientes centristas u de tendencias izquierdistas que muchas veces implicaban plataformas o partidos únicos. No pocas veces estos frentes se hicieron con corrientes que renunciaban al lugar estratégico de la clase obrera -se realizaban con corrientes mayoritariamente campesinas o pequeño-burguesas- o en situaciones que no eran revolucionarias y que no era una necesidad de primer orden desarrollar tácticas para llegar a sectores de masas en un corto plazo. El trotskysmo se debe aún un verdadero balance de esta táctica y de las determinaciones en los distintos países donde se aplicó, para elaborar alguna posición que sintetice errores y aciertos. Al día de hoy ninguna corriente ha desarrollado un balance profundo de esto, incluído el morenismo, exceptuando algunos intentos del PSTU que no se detuvieron sobre todos los desarrollos concretos de dicha táctica y que peco de sectario, con una conclusión demasiado abstracta, que no implicaba a las determinaciones de tiempo y lugar.


5- Nos referimos a “La traición de la OCI”, texto que Moreno escribe en polémica con el Lambertismo -corriente del trotskysmo francés- para finiquitar la ruptura de la coordinadora internacional que un año antes habían puesto en pie. Al igual que esta escuela de cuadros, un gran texto en cuanto a los desarrollos metodológicos que aporta.

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