El trotskismo y la revolución boliviana
- Diciembre
- 12 may 2020
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La concepción de la revolución boliviana y los debates del trotskismo de posguerra.

Uno de los procesos más ricos conocidos en la región durante la segunda posguerra se trató de la revolución boliviana de 1952. Un proceso revolucionario que, a diferencia de los ocurridos en China tres años antes y en Cuba 7 años después, tuvo una indiscutible centralidad de la clase trabajadora en general y de los implacables mineros bolivianos en particular. Una verdadera posibilidad revolucionaria en la región latinoamericana que incluso en su desarrollo desarmo al ejército burgués existente y tumbó una dictadura. Y a pesar de tener tantas potencialidades, este proceso no terminó con la consolidación de un gobierno obrero y socialista, sino con un gobierno nacionalista burgués encabezado por el MNR (Movimiento nacionalista revolucionario).
Es a posteriori de los sucesos acaecidos en el proceso revolucionario boliviano que algunos de los principales dirigentes trotskistas de la posguerra como Nahuel Moreno (Fundador del PST y la Liga internacional de los trabajadores) y Guillermo Lora (del POR boliviano) harían distintos balances sobre dicho proceso, particularmente del cierre de las posibilidades revolucionarias sin un triunfo de la clase obrera. Los sendos balances polemizaron tanto con las tácticas empleadas por él POR orientado internacionalmente por Michel Pablo y Ernst Mandel, así como también entre ellos mismos.
Los balances partieron de distintas premisas y criticaron distintos aspectos de las tácticas utilizadas en Bolivia. Para Lora como premisa de la discusión no hubo posibilidad alguna de que la revolución socialista triunfara en 1952, algo en lo cual difiere Moreno, que considera que dicha posibilidad estaba abierta. Así mismo, Moreno es muy crítico de la política desarrollada por el POR, qué consideraba equivocada en tanto apoyaba al Nacionalismo burgués boliviano representado por el MNR.
Y aunque todos los trotskistas se equivocaron en dicho proceso -y siguieron la orientación, como veremos, oportunista del pablo-mandelismo-, las reflexiones que surgieron de este fracaso sirven para pensar las posibilidades que tenemos los revolucionarios en las instancias donde la lucha de clases se radicaliza, y la necesidad de encontrar una política estrategica y tácticamente correcta para abordar correctamente al proceso para el cual siempre nos preparamos: La tan añorada revolución.
Antecedentes: Las Tesis de pulacayo
Antes de abordar detenidamente los debates en el interior del trotskismo, servirá conocer un poco el contexto1 por el cual se produjo el debate, lo que no incluye tan solamente los acontecimientos del año 1952, sino también las históricas Tesis de Pulacayo, votadas por el sindicalismo minero a instancias del trotskysmo y, especialmente, de Guillermo Lora.
En noviembre de 1946, la Federación Sindical Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB) convocó a un Congreso Extraordinaria en Pulacayo, Potosí, Bolivia. El congreso tuvo lugar entre el 6 al 12 de noviembre con la presencia de varios delegados mineros de toda Bolivia. Los mineros, tras una larga discusión, aprobaron la propuesta programática y sentenciaron las hoy conocidas Tesis de Pulacayo.
El golpe de Estado realizado por Enrique Hertzog contra el gobierno de Gualberto Villarroel el 21 de julio de 1946 dio el contexto político, social y económico a este Congreso de trabajadores. El golpe fue respaldado públicamente por el gobierno de Estados Unidos y la logia militar nacionalista Razón de Patria (RADEPA). El presidente Gualberto Villarroel y sus colaboradores afines fueron asesinados y sus cuerpos fueron colgados en los faroles de la Plaza Murillo.
Este levantamiento militar contó con la participación del PIR (Partido de la Izquierda Revolucionaria), ligado a posiciones del stalinismo. Por su parte, el POR describió el levantamiento como "contrarrevolucionario" y que los trabajadores no podían apoyar tal revuelta, mientras que el PIR se incorporaban a las filas del gobierno con la figura de Aurelio Alcoba como Ministro de Trabajo y asistente al Congreso de Pulacayo. Pero su participación no duró mucho, los mineros lo recibieron con duras críticas y desaprobación, y gracias a ello debieron huir apresuradamente.
Las tesis de Pulacayo, votadas en dicho congreso obrero, se organizan en once acápites distribuidas en tres núcleos temáticos. Los primeros seis llevan los principios estratégicos fundamentales para el movimiento minero en particular y para el movimiento obrero boliviano más en general. En ellos, se discute qué tipo de revolución necesita Bolivia, indicando que es un país subdesarrollado integrado a la economía capitalista mundial. Aunque esta era la forma económica predominante, subsistían el latifundio y otras formas económicas precapitalistas. Subproducto de la ausencia de una burguesía nacional que pueda ser capaz de liquidar la propiedad terrateniente, disolver las relaciones sociales precapitalistas, concretar la unificación nacional y liberar la nación de la opresión imperialista. En este caso, tal como planteaba Trotsky en la Revolución Permanente, los trabajadores se harán cargo de desarrollar las fases que la burguesía no ha podido llevar adelante y para ello es necesario un proceso revolucionario a cargo de los trabajadores.
Las tesis también se pronuncian por la independencia política del movimiento obrero del Estado y de los partidos políticos de las clases altas. Así como también condenan la participación obrera en toda forma de colaboración de clases y proclaman como principios rectores a la lucha de clases y a los métodos de acción directa.
En la segunda parte de las Tesis describe una serie de consignas inmediatas sentidas por el movimiento obrero: salario básico vital y escala móvil de salarios, semana de 40 horas y escala móvil de horas de trabajo, ocupación de las minas ante los intentos de boicot patronal, contratos colectivos de trabajo, independencia sindical, control obrero de la producción y el trabajo en las minas, apertura de los libros contables, armamento de los trabajadores (piquetes de autodefensa contra la represión y las masacres), bolsa pro-huelga, supresión del trabajo a “contrato”.
En la tercer parte de las Tesis definen de qué forma piensan los trabajadores tomar el poder. El desarrollo lo hacen a través de la acción directa de masas. Además, proponen presentarse a elecciones para tener un bloque obrero en el Parlamento con la condición de que su accionar esté subordinado a las necesidades del movimiento de masas y su acción directa. Rechazan frentes populares y unidad nacional, reclaman la formación de una Central Obrera a nivel nacional.
Según las palabras de Guillermo Lora, "La novedad de la Tesis de Pulacayo consiste en que proporciona una fundamentación teórica de la política revolucionaria del proletariado y fija con claridad la finalidad estratégica de esta clase social. Por primera vez en toda la historia social boliviana se define al país como capitalista atrasado, sentando así una clara diferenciación de las posiciones proletarias con las sustentadas por el stalinismo y el nacionalismo, que tipifican al país como feudal o semi-feudal. La caracterización hecha por la Tesis de Pulacayo tiene importantes implicaciones políticas. Se desahucia la posibilidad del desarrollo armónico e integral del país dentro del marco capitalista y que este solamente puede darse después de la revolución proletaria." (Lora, 1984: 1)
Los alcances de las Tesis, según este autor son que la claridad de la perspectiva revolucionaria y el lugar que ocupa el proletariado en un país como Bolivia, y Las limitaciones que marca este autor son tres:
En primer lugar, el autor sostiene que las Tesis han tenido un efecto contradictorio sobre las masas y el mismo partido revolucionario. Tanto la reacción feudal como las agrupaciones de izquierda y el POR partieron del presupuesto errado de que las Tesis de Pulacayo iban a llevar de forma directa a la toma del poder por parte del proletariado. Es decir, "Las organizaciones de masas no son revolucionarias o reaccionarias por sí mismas, sino que su orientación depende de la tendencia política que llegue a los cargos directivos. La Tesis de Pulacayo precisa de revolucionarios que desde los sindicatos busquen materializarla. En la práctica, la burocracia laboral ha actuado desembozadamente contra la orientación revolucionaria de la Tesis de Pulacayo, sobre todo por su afán de imponer a la fuerza la política burguesa en los medios obreros" (Lora, 1984: 4)
En segundo lugar, Lora marca que las Tesis tienen el error de oponer a la unidad nacional rosco-stalinista el frente único proletario. Es decir, "La fórmula no correspondía a la realidad nacional y tampoco al trabajo que realizaban cotidianamente los militantes poristas. El frente de clase fue esbozado por la Tercera Internacional como táctica que corresponde a los países capitalistas altamente desarrollados, a fin de ganar para la revolución a las capas obreras atrapadas en las manos de la socialdemocracia reformista. En los países atrasados se trataba y se trata aún de quitar a los movimientos nacionalistas el control de las masas, de convertir al proletariado en caudillo nacional, cosa que solamente puede lograrse aplicando la táctica del frente antiimperialista, táctica que corresponde a la revolución realizada por la nación oprimida. El autor de la Tesis de Pulacayo realizó la autocrítica del caso y superó el equívoco, mucho antes de que los corifeos de la izquierda nacional se percatasen de él. La concepción del frente antiimperialista asomó lentamente y éste apareció encubierto en el ropaje del frente único." (Lora, 1984: 4)
En tercer lugar, marca el carácter sindical de las Tesis de Pulacayo y por ello, no resuelve la tensión de la relación masas-partido con referencia a la conquista del poder. Es decir, "Esta tremenda e inevitable limitación corresponde a la limitación sindical. Como quiera que para muchos, menos para el Partido Obrero Revolucionario, la Tesis de Pulacayo fue convertida en programa político, esa limitación se trocó en un serio obstáculo para la mayor evolución de la conciencia de clase de los explotados: les impidió ver a su Partido político y fortalecerlo, esto cuando de tal actitud dependía el curso que debía seguir la historia." (Lora, 1984:5)
La revolución

Los motivos de la revolución podríamos englobarlos en el gran descontento que tenían los obreros y los campesinos con sus condiciones de trabajo, junto al haber sido "carne de cañón" en la guerra del chaco. La situación política, económica y social se haya convulsionada. Todos los sectores sociales apuntan a resolver tal crisis. Algunos sectores de las clases altas apuntan a resolverlo siendo apoyados por Estados Unidos, otros, sin embargo, plantean un Estado fuerte que pueda unificar nacionalmente el problema social. Por otro lado, el movimiento obrero, en especial los mineros tenían un recorrido histórico que no podían dejar atrás. Eran ellos mismos los que querían tomar el poder para dejar atrás decenas de años de exploración y opresión.
En abril de 1952, el MNR planifica la conspiración que lo llevaría al poder. Tramaba que el golpe debería ser rápido sin derramar sangre, y a través de un jefe de la policía había incorporado algunos regimientos a su bando. Pero hacia la tarde del 9 de abril el partido nacionalista encontraría la derrota. Por su parte, el ejército para poder controlar la situación corta la luz de la ciudad y exige un ultimátum de rendición. El MNR acepta. Y es en este evento en donde el proceso se convierte en una revolución proletaria.
Se dan tres batallas de importancia en la ciudad de La Paz, como respuesta a los ataques del ejercito. La primera se da en barrio de Miraflores, donde se encuentra el Estado Mayor del ejército. La segunda, en el barrio Villa Victoria. Y la tercera en la base aérea de El Alto. Es entre el miércoles 9 y el jueves 10 que el ejército va teniendo sus primeras derrotas. La población rodeaba de solidaridad a los trabajadores y se unía a ellos, ya que pues sentían un gran desprecio por el régimen debido a su participación en la Guerra del Chaco y la masacre de 1950.
Para el 10 de abril, como respuesta a los bombardeos por parte del ejército, los mineros conquistan el arsenal de Plaza Antofagasta y repartieron las armas y municiones entre los explotados y oprimidos, así como también capturan un tren que traía equipo y armamento para reforzar los regimientos. Varios de los soldados se negaban a combatir contra los trabajadores y en muchos casos, se pasaron a luchar con el proletariado. El viernes 11 por la mañana, las fuerzas represivas de la "Rosca" habían caído bajo control de los trabajadores.
El protagonismo de los mineros le cambia el carácter al proceso insurreccional. Lo que había comenzado como un intento de golpe de Estado culminó en una revolución obrera. Cuando los trabajadores entran en escena cambia totalmente el carácter del proceso. Son los mismos trabajadores los que ponen su carácter global, su misión histórica que es la revolución socialista, darlo vuelta todo
Pero en Bolivia esto no sucedió de esta forma. En 1956, luego de ese proceso revolucionario enorme, no son asambleas obreras sino el MNR el que se consolida marcando un retroceso para el movimiento obrero. Repasando las tácticas y caracterizaciones del trotskismo en ese momento entenderemos porque este fue el resultado.
Distintas Tácticas
Las distintas caracterizaciones de los integrantes de la IV se tradujeron también a distintas tácticas propuestas para ser aplicadas. Aquí, las diferentes propuestas variaron entre las sostenidas por la fracciòn que seguìa los lineamientos de Michel Pablo -que fue la que triunfo-, la propuesta por Nahuel Moreno y, post-ruptura en 1954, la que defendiò Guillermo Lora.
La política que propuso Michel Pablo se basaba en defender como dirección del proceso revolucionario al MNR. Ya en agosto de 1951, meses antes del estallido revolucionario, defendìa que “...en caso de movilización de masas bajo el impulso o la influencia preponderante del MNR nuestra sección debe sostener con todas sus fuerzas al movimiento, no abstenerse sino al contrario intervenir enérgicamente en vista de llevarla lo más lejos posible, comprendiendo esto hasta la toma del poder por el MNR sobre la base del programa progresivo de frente único antiimperialista.” (González, 1955: 197)
Está política sugerida en la IV internacional para que tome el POR en caso de una situación revolucionaria fue reafirmada en una conferencia nacional del POR, qué votó como resoluciòn una tesis polìtica donde “No descartamos la posibilidad de que los representantes pequeño-burgueses de los obreros y campesinos (el ala izquierda del MNR) rompan en el futuro toda ligazón con el imperialismo y con la reacciòn terrateniente feudal; caso en que el “gobierno obrero-campesino” instaurado por ellos no harà màs que acelerar y facilitar la instauraciòn de la dictadura del proletariado” (Justo,1967: 356). Para dejar clara su posiciòn, esta misma tesis política afirma que “Toda esta lucha debe girar alrededor de la consigna: Control total del estado por el ala izquierda del MNR” (Justo, 1967: 357)
Con el paso del tiempo, y en el marco de un giro hacia la derecha del MNR, esta táctica fue cambiando, votándose como resolución en un congreso de la IV internacional una política completamente distinta: “En Bolivia, el giro a la derecha y reaccionario de la política del MNR, cediendo a la presión del imperialismo y la reacción indígena, hace más imperiosa que nunca una franca denuncia de este giro por parte del POR, que debe quitar toda confianza a este gobierno, como también a los ministros obreros; llamando constantemente a la COB y trabajando sistemáticamente en su seno a fin de aplicar una verdadera política de clase independiente del MNR y de comprometer a la Central en la vía del gobierno obrero y campesino; la campaña sistemática por esta perspectiva, así como por el programa para tal gobierno, la campaña por elecciones generales, con derecho a voto para todos los hombres y mujeres mayores de 18 años para elegir una asamblea constituyente y la presentación de listas obreras de la COB en estas elecciones. Es solamente tal política la que podrá provocar una diferenciación en el seno del MNR y obligar a su ala izquierda muy difusa y desorganizada a romper definitivamente con la derecha y con sus dirigentes 'obreros' burocratizados y comprometerse en la vía del gobierno obrero y campesino.” (Justo, 1967: 364). El POR profundizará esta política aún más en 1956, cuando propondría como principal táctica la toma del poder por parte de la COB: “Toda nuestra campaña y nuestra intervención está dirigida a preparar las próximas luchas de las masas en el sentido de un mayor aspecto hacia el poder. Fortaleciendo y desarrollando todos los órganos de poder dual, frente a los choques con el gobierno, con la burguesía, con la oligarquía y el imperialismo, frente al parlamento y a las tentativas de restar influencia a los sindicatos que desarrollara el gobierno de Siles, nosotros empujaremos la tendencia de masas planteando: ¡Que la COB resuelva todos los problemas! y ¡Todo el poder a la COB!” (Justo, 1967: 368)
Pero el giro a la izquierda del pablismo fue realizado demasiado tarde. La táctica que empezo a estrenar en esos tiempos la mayoría de la IV internacional -y que sería repetida hasta el hartazgo los siguientes 30 años (desde el seguidismo al foquismo y al castrismo, hasta el seguidismo al sandinismo)- de disolución en agrupamientos burgueses o pequeño burgueses, más o menos revolucionarios, más o menos de izquierda, fue la que marco la orientación del POR en el proceso boliviano, y, en definitiva, la derrota del trotskysmo en este proceso.
Como sea, estos dos momentos de la táctica del POR pablista generaron diversas críticas por parte de Nahuel Moreno y de Guillermo Lora. El Partido del dirigente argentino se encargó de criticar al MNR muy tempranamente, a contramano de la confianza que depositaba el pablismo en el: “El 26 de junio de 1952 ante la reorganización del ejército permanente bajo el título “Paz:Estenssoro quiere desarmar la revolución”, decíamos: “Hoy como nunca la consigna '¡Cuadros obreros armados!' debe hacerse carne para enfrentar con ella al gobierno de Estenssoro que prepara el camino de la reacción.” (González, 1955: 201)
Moreno entendía que no se debía dar ninguna confianza a MNR, ya fuera su ala izquierda o derecha, y critica duramente al POR por su política tendiente a confiar en el sector “izquierdista” del nacionalismo burgués boliviano. Ante la resolución boliviana votada por el congreso de la IV internacional, Moreno escribe “Pasó un año más —dos desde la revolución— y se reunió el IV Congreso de la Internacional. En él, Pablo y sus amigos siguieron adelante con su estrategia decenal, no perdieron en absoluto su entrañable amor por las organizaciones no proletarias y por las tendencias centristas, y siguieron sin llamar a la COB, la organización obrera por antonomasia, a que tomara el poder. Habían encontrado otra organización centrista digna de su “apoyo crítico”: la izquierda del MNR” (Moreno, 1973: 190)
La propuesta de Moreno, más tempranamente que la del pablismo, giraba en torno a que la COB se hiciera dueña del poder: “El POR argentino desde mayo/junio de 1952 ya empezaba a plantear el control del gobierno por la COB. En Frente Proletario de octubre del mismo año, avanzamos mucho más. El título de la portada era: “La COB marca el camino a los trabajadores bolivianos”. Al mismo tiempo denunciábamos a Juan Lechín, secretario general de la COB, como agente del gobierno en la Central Obrera. A fines de 1952, en un documento para el Comité Central del POR argentino, caracterizabamos que era evidente la existencia del doble poder en Bolivia aunque “no tenemos elementos como para precisar la vía organizativa por la cual se concreta”. Finalmente, en enero de 1953 denunciábamos en Frente Proletario el carácter traidor de la dirección de la COB, planteando “Lechín sirve a la Rosca”, pero también definíamos con claridad la consigna “Todo el poder a la COB”. (González, 1955: 201). Ante el giro de Pablo en 1956, que empieza a propugnar una táctica similar a la suya, moreno escribe posteriormente “Pasó el tiempo y la izquierda del MNR fracasó. Así, ¡cuatro años después de la revolución!, cuando el ejército había logrado reestructurarse, cuando ya no podían confiar en el MNR —como al principio— o en su ala izquierda —como después— Pablo y sus amigos bolivianos adoptaron la línea por la que había luchado sistemáticamente nuestro partido desde el comienzo(...) ¡Por fin se dieron cuenta!, decimos nosotros. Era una victoria tardía de nuestra prédica y nuestra polémica. Habían quedado al descubierto las claudicaciones de Pablo y sus amigos. Habían salido a la luz los terribles peligros que nos acechaban detrás de sus famosas “tácticas” de largo plazo, basadas en hipótesis para el futuro y no en la realidad (Moreno, 1973: 192)
Desde el flanco opuesto, Guillermo Lora también critica al POR pablista, critica que termino desencadenando la ruptura del mismo POR en dos fracciones: La fracción obrera leninista, encabezada por Lora, y la fracción proletaria internacionalista, dirigida internacionalmente por Pablo.
Para el dirigente boliviano, el giro que empezaba a proponer medidas “ofensivas” para obtener la toma del poder era equivocado, y que la tarea se centraba en construir el partido: “La fracción obrera leninista comenzó a estructurarse alrededor de la defensa de la tesis política aprobada por la X conferencia reunida en la paz en junio de 1953, la que comenzó a ser atacada por parte de la dirección siguiendo las instrucciones del buró latinoamericano y del propio secretario internacional. Como se sabe, el documento de ala x conferencia constata que la revolución estaba atravesando su etapa de momentánea depresión (cuya consecuencia fue la burocratización del movimiento sindical, el aflojamiento de su combatividad y, también, el decaimiento organizativo del partido) y la acentuación del viraje gubernamental hacia la derecha. La tarea inmediata no era la toma del poder, sino ganar la mayoría de la clase obrera y de los campesinos para las posiciones del POR. Sostuvimos reiteradamente que no había ningún otro camino que llevase al gobierno campesino” (Justo, 1967: 362)
Se debe reconocer que lo de Moreno tiene puntos correctos: en una revolución (como la Boliviana) donde el ejército fue desarmado, hay que pelear por mantener armados a los obreros como parte del proceso por conquistar y consolidar el poder proletario, al mismo tiempo que se debe proponer una forma concreta para formar gobierno que proponga a las masas auto-determinarse -por lo que “Todo el poder a la COB” era una consigna concreta- Aunque le faltan elementos concretos para que se pudiera concretar esa forma de conquistar el poder. De todas formas este problema se desprende del lugar donde escribe Moreno: Desde Argentina, alejado del lugar donde estaba sucediendo el proceso revolucionario, no se pueden dar demasiadas definiciones tácticas, e incluso sería un error grosero porque probablemente tendría más cuestiones incorrectas que aciertos prácticos.
Lo de Lora, en cambio, es absolutamente esquemático. La construcción del partido no solamente se puede hacer de forma conjunta a la lucha por empujar hacia adelante a la revolución, sino que es la única forma de que se puede dar.
El partido revolucionario, el partido que tomara el poder, no se construye en abstracto, sino en los contextos donde está planteada la revolución. Solo avanzando en nuevos objetivos revolucionarios, solo desarrollándose la lucha de clases es que puede pensarse la construcción del partido, como una tarea ligada al proceso de radicalización y no como algo separado, ni como condición anterior.
Un debate así se dio en la revolución rusa. Kamenev y Zinoviev, en vísperas de octubre, pelearon para que la insurrección no se desarrollase, dado que aún el partido no contaba -según ellos- con suficiente fuerza para tomar y mantener el poder. Para ellos la cuestión sería construir el partido un tiempo más, y en un próximo combate si prepararse para asaltar el cielo. Lenin les comento en el debate que si dejaban pasar esa oportunidad la clase obrera se desmoralizaría, y ya no volvería a confiar en el partido bolchevique para ninguna tarea; que probablemente la masiva afluencia de militantes de los últimos meses los abandonaría; que sería impensable un escenario donde se dejara de hacer la revolución y el partido se construyera.
Olvidando este ejemplo de la revolución rusa, Lora construyo una concepción teorico-política que, como veremos más abajo, pecara una y otra vez de esquematismos para justificar el fracaso revolucionario.
¿La victoria era posible?
Pasados algunos años de la derrota, Guillermo Lora comenzó a sacar balance del laboratorio político que fue el año 1952 en su país. Con más de 30 años de distancia, el dirigente boliviano escribió un folleto “¿Por qué la clase obrera no tomó el poder en 1952?” que intentaron encontrar las limitaciones por las cuales los mineros y el conjunto de la clase proletaria boliviana no pudieron conquistar el poder estatal.
Después de darnos un contexto histórico-político, el primer senador trotskysta plantea una serie de críticas a lo actuado por el POR en el proceso revolucionario: “En la época a la que nos referimos, había cierta inmadurez en los planteamientos poristas acerca de los caminos que debían recorrerse para estructurar la dictadura del proletariado, el problema de la insurrección no fue planteado ni estudiado (...) en realidad el POR no estaba del todo maduro para dar una respuesta satisfactoria en esta materia. La vanguardia no evolucionó lo suficiente (se nota inclusive un estancamiento en esta evolución) para colocarse a la altura del desarrollo alcanzado por la clase, y, más bien, actuó momentáneamente como su freno. No hubieron los reajustes programáticos necesarios, lo que impidió comprender debidamente el proceso convulsivo operado durante el sexenio” (Lora, 1984: 25)
Pero a pesar de esta fuerte crítica, Guillermo Lora ubica en otro lugar los límites que tuvo la revolución boliviana. Este primer desarrollo, que posaba sus ojos sobre las debilidades y errores del POR, llevó a Lora a la conclusión de que la inmadurez del partido de vanguardia era reflejo de la inmadurez de su clase; llevó a Lora a defender una postura en la cual presenta como factor de bloqueo central para el camino revolucionario a la falta de maduración de la clase obrera, a la necesidad que tenía esta misma clase de pasar por el gobierno del nacionalismo burgués, que era representado por el MNR, para poder llegar a la conclusión de que es necesaria la toma del poder:
“Las masas no estaban maduras para tomar el poder porque no se plantearon la urgencia de estructurarse como partido, porque, pese a todos los avances que habían hecho, no alcanzaron a comprender que el MNR les era totalmente extraño.(...) Hay que decir con todas claridad que los explotados para tomar el poder debían haber dado la espalda al MNR, no podía esperarse que ocurriese esto porque su propia experiencia frente a esa organización no lo permitía” (Lora, 1985:30)
Lora concluye negando la posibilidad de tomar el poder, y, contestandole a sus críticos, dice “casi no merece comentarse la especie de que la presencia del partido revolucionario y una o algunas consignas oportunas e inteligentes habrían modificado el curso de la historia y llevado a las masas al poder. Este es el colmo del subjetivismo. La insurrección obrera de 1952 (...) podía haber llevado a la clase obrera al poder, esto siempre que no hubiese sido atrapada por el MNR y pese a la ausencia del partido obrero. Es tratándose de la consolidación de la victoria de la revolución que el partido hubiese sido imprescindible” (Lora, 1985: 31)
Entre los críticos a los que contesta Lora, se encuentra Nahuel Moreno. El dirigente argentino no ignoraba que el POR boliviano no había consolidado aún una fuerte organización, pero si valoraba la enorme influencia que tenía dicho partido y sus dirigentes: “...los trotskistas bolivianos se transformaron en una dirección de gran prestigio político en el movimiento obrero y de masas boliviano, aunque no lograron consolidar esa influencia organizativamente. Así lo reconocieron, repetidas veces, los órganos oficiales de nuestra Internacional, y nuestra influencia se vio reflejada en los hechos mismos de la lucha de clases. Un ejemplo de ello fueron las famosas tesis de Pulacayo, base programática del movimiento sindicalmente organizado en Bolivia. En noviembre de 1946, en Pulacayo (una población minera), se reunieron los delegados de todas las minas de Bolivia, y aprobaron por unanimidad las tesis elaboradas por los trotskistas, votando en contra del MNR y los stalinistas.” (Moreno, 1973:186)
Aún más, reconoce a Lora los aciertos del POR en su trabajo político con los mineros bolivianos, y su labor parlamentaria como senador, para influenciar a sectores más amplios que los meramente orgánicos de su partido: “Una consecuencia del colosal triunfo trotskista entre los trabajadores mineros, va a ser la constitución del bloque o frente obrero para presentarse a elecciones. A pesar de que el 90% de la población boliviana no votaba en aquellos tiempos (había voto calificado: sólo podían votar los que sabían leer), el bloque obrero ganó en los distritos mineros y obtuvo un senador y cinco diputados. El máximo líder trotskista, Guillermo Lora, y otros compañeros hicieron una buena utilización del parlamento burgués, cuando desde sus diputaciones atacaron al ejército y pregonaron la necesidad de destruirlo e imponer las milicias obreras” (Moreno, 1973: 187)
El peso político que, para Moreno, detenta el POR lleva al argentino defender la idea de que la victoria era posible en tanto la vanguardia proletaria se diera una política correcta en el proceso revolucionario: “La vanguardia obrera boliviana debe ser consciente de que su lucha recién comienza ahora y que se halla en el momento crucial de determinar por su propio y decisivo peso si se gana avanzando por el camino revolucionario hacia el poder auténticamente obrero o se pierde por el camino de la conciliación y de la esperanza “pasiva en los cuadros dirigentes del MNR” (González, 1955: 201).
Como se denota de los diferentes textos, las concepciones son bastante diferentes. Por un lado, Lora en su reflexión llegá a la conclusión que la derrota se debió a la falta de madurez política del proletariado. Necesariamente la clase obrera boliviana debería pasar por la experiencia del MNR para llegar a la conclusión de que debe tomar el poder. Casi como si se tratara de una suerte de etapa a quemar por parte del proletariado.
La cuestión es sumamente más compleja. La evolución de la conciencia de los explotados y oprimidos no es lineal, no se trata de ir subiendo de nivel lentamente para que algún día la ideología de los proletarios borre todo rastro de contaminación burguesa. Hay avances y retrocesos en la lucha de clases que marcan desarrollos desiguales y combinados al interior del pensamiento obrero. La consideración de que se aprende más en un día de lucha que en cien de normalidad no es tan solamente un decir, sino una enseñanza que se desprende de la experiencia de la tradición revolucionaria y que sirve para indicar cómo el desarrollo de la conciencia de los trabajadores se vuelve rápida y disruptiva al calor de procesos de radicalización de la lucha de clases.
Pero esa velocidad no surgirá como reflejo de las acciones que la clase obrera lleve adelante, ni tan solamente de la experiencia que tiene en su espalda. -aunque sean las acciones radicalizadas el vehículo que dinamiza y acelera la toma de conciencia-. Tan solamente por hechos objetivos la clase no llega a la comprensión de las tareas históricas que tiene por delante. Se necesita una herramienta que permita comprender mejor al conjunto de la clase las experiencias pasadas, se necesita una herramienta que permita encontrar en el momento exacto el método de lucha a seguir, la consigna a levantar, etc. Se necesita una herramienta que ayude a que las enormes energías desplegadas por las masas no se dispersen en miles de caminos, y tengan un objetivo claro; se necesita que se llegue al objetivo histórico antes de que el momento de radicalización pase, e inevitablemente el vapor generado por el calor de la lucha se evapore, que las masas se vayan a sus hogares sin conquistar el poder.
El desarrollo de la conciencia, en definitiva, necesita de un partido conformado por lo mejor de la vanguardia obrera, que al mismo tiempo levante la política correcta en el momento exacto. La evolución de la conciencia no es una evolución objetiva y lineal, sino totalmente geométrica y que depende tanto de la radicalización de las luchas como de la táctica adecuada.
El rol que tiene la política -y que Lora niega- para poder transformar la historia es indiscutible aquí: Solo logrando alcanzar una política certera que sepa dialogar con las necesidades objetivas de las masas, con las ideas que se mueven en sus cabezas, con sus aspiraciones, y que al mismo tiempo sepa combatir contra los enemigos de los trabajadores, sólo logrando la elaboración de esta política será posible el desarrollo de la conciencia. No solamente esperando a que la clase obrera se ilumine por haber pasado por muchas experiencias distintas entre sí.
Es entonces el partido revolucionario -un elemento subjetivo- el que permite el diálogo entre una política elaborada por la vanguardia revolucionaria y las masas con conciencia desigual, es decir, el que podrá posibilitar la revolución.
Es por ello que Moreno no se equivoca, la revolución era posible con una política adecuada. Pero aquí hay un elemento más para remarcar, que el Argentino ve y Lora no: La importancia de la influencia del POR.
Nadie podría discutir con Guillermo Lora sobre la debilidad partido boliviano. Ninguna voz está más autorizada que la suya para indicar que el partido, orgánica y constructivamente, era muy débil2. Y eso es, sin lugar a dudas, un problema. Pero más que un reflejo del atraso en la conciencia obrera, es parte del desarrollo desigual y combinado de esa conciencia: El partido que tenía un senador trotskista, que ganó las discusiones de un congreso de la federación minera, y que a pesar de todo lo anterior no agrupaba a decenas de miles, es un partido que su política levanta mucho más vuelo que su construcción orgánica.
Y aunque eso es un problema, no es del todo irresoluble. El partido bolchevique dió su salto hacia las masas en 1917, no muchísimo tiempo antes. La debilidad orgánica se puede resolver, también, al calor de la radicalización obrera. El problema es si el partido tiene legitimidad e influencia para dar un gran salto constructivo en muy poco tiempo.
Legitimidad es el atributo que le permita al partido ser escuchado por amplios sectores de masas sin ser repudiados, sin ser atacados. No es poca cosa que las masas respeten las posiciones de un partido trotskista -y ciertamente en Bolivia, el POR tenía una cierta legitimidad construída, que fue dilapidando en el tiempo-. Esta legitimidad se construye, centralmente, acompañando a la clase obrera sin defeccionar, acompañándola en sus avances y en sus retrocesos, en sus victorias y en sus derrotas. Acompañando siempre a la clase obrera es que se consigue hacer crecer la legitimidad y, con ella, la confianza que ésta deposita en el partido de la vanguardia.
El otro atributo es la influencia, que permitirá movilizar a esas masas que escuchan al partido sin ser parte del mismo. Un partido no es tan solamente sus militantes orgánicos, sino también a los sectores que puede convencer de llevar adelante determinado accionar. La influencia del partido se mide por la capacidad para hegemonizar a sectores más amplios, que quizás jamás militaran orgánicamente, pero que seguirán las decisiones y las propuestas del partido revolucionario.
Esa influencia, ciertamente, se construye con el tiempo, cuando el partido va creciendo, pero también tiene otros medios que no se reducen a un crecimiento militante. Una buena campaña política, una buena táctica en una lucha -que permita obtener triunfos-, un buen despliegue político de algún dirigente, la dirección de importantes centros obreros o la dirección de sectores de vanguardia respetados por el conjunto de la clase, y un largo etc. La influencia tiene diversos multiplicadores que no se reducen meramente a los avances constructivos, y la influencia de Lora en ese contexto boliviano era indiscutible, por ello es remarcada por Moreno. La influencia permite multiplicar los lugares a los que llega una política revolucionaria y, si es la correcta, esta podrá esparcirse muy rápidamente en el reguero de pólvora que es la lucha revolucionaria de la clase obrera. Si no se pudiera construir la influencia de diversas maneras, los revolucionarios -inevitablemente minoritarios hasta que se desarrollan luchas de mayor envergadura- estarían condenados de antemano a la derrota.
Conclusiones
La revolución Boliviana fue el único proceso revolucionario a lo largo y ancho de sudamerica que contó con el protagonismo indiscutible de la clase obrera. En ese marco, analizar las diferentes intervenciones y debates que tuvieron los distintos revolucionarios que se reclaman herederos de las tesis de la revolución permanente sirve para dar cuenta los límites que evitaron la victoria de la revolución.
El debate en torno a la posibilidad de hacer la revolución entre Moreno y Lora muestra, a nuestro entender, los límites que tiene Lora para analizar el proceso boliviano. Es difícil sostener, como hace Lora, que el elemento faltante en el proceso boliviano fuera la conciencia de clase. La clase obrera boliviana acababa de aplastar al ejército rosquero y dejar completamente desarmado al estado burgués, al mismo tiempo que venía de un congreso obrero donde voto como tesis resolutivas las tesis de pulacayo, con premisas que vienen directamente de la revolución permanente.
En este punto, tenemos acuerdo con Moreno, que defiende la idea de que el elemento ausente fue un partido con una política adecuada para el momento revolucionario que se estaba viviendo, que lo que faltó fue una política que le sirviera de herramienta a la clase obrera para construir el camino hacia la toma del poder.
En este sentido, también creemos que no necesariamente las debilidades organizativas y estructurales del POR en un momento revolucionario sea reflejo de la falta de conciencia de la clase obrera. En este sentido, creemos que la idea de Moreno provee una mejor explicación, a saber, que una política correcta hubiese permitido al POR tener suficiente crecimiento como para ser el partido revolucionario que dirigiera a la clase obrera. Esto fundamentado por la creciente influencia en sectores de Masas que ya había tenido el POR en años anteriores.
En cuanto a la polémica en torno a las tácticas a ser aplicadas, creemos que la experiencia ha demostrado como un error la confianza que depositó el POR de Michel Pablo en el ala izquierda del MNR, constituida por sectores pequeño-burgueses y campesinos, política que fue en detrimento de una política independiente para la clase obrera en un momento revolucionario. Este error es doble en tanto no solo es necesario bregar por una política independiente para la clase obrera en todo momento posible, sino que esto adquiere mayor necesidad en un proceso revolucionario como el boliviano, que fue un proceso con una indiscutida centralidad de la clase obrera (especialmente la minera) y sin demasiada inserción de otros sectores.
Lo correcto, probablemente, hubiese sido apostar por darse una política para que la clase obrera asumiera el poder mediante alguno de sus organismos de auto-determinacion. Aquí, la táctica sugerida por Moreno para exigir que la COB asuma el poder parece una forma posible de responder a la necesidad del momento de conquistar un gobierno obrero, aunque requiriera más definiciones concretas que sólo podrían hacerse estando en Bolivia.
Lo anterior no quita que quizás Lora hubiese estado en lo correcto cuando en 1956 planteará como tarea para otro momento la toma del poder. El proceso -como explica Moreno- ya estaba cerrado, y poco pudo hacer la consigna "todo el poder a la COB" lanzada por el pablismo en mayo de ese año. Todas las tácticas tienen sus momentos, se desprenden de los mismos, y no pueden ser lanzadas en cualquier momento esperando que den frutos. Los revolucionarios deben aprender a lanzar sus políticas en el momento exacto, y no en el crepúsculo de los procesos. De todas formas, eso sería posible recién en 1956. Sostener que en 1952 no hubo ninguna posibilidad de tomar el poder es sencillamente absurdo, y es más bien una auto-justificación de errores propios.
Para concluir, creemos que los errores que tuvo el trotskismo en el proceso boliviano no son otra cosa que reflejo de la debilidad y la inexperiencia con la que tuvo que afrontar los desafíos que le impuso la realidad a partir del comienzo de la posguerra. En este sentido, todos los errores y aciertos del trotskismo boliviano son lecciones que nos sirven para afrontar el desafío de la revolución socialista en el siglo XXI, desafío que -como demostró Bolivia- obliga a los revolucionarios a apostar por la centralidad de la clase obrera como eje estratégico fundamental, apostar por la construcción tácticas que se desprendan de dicha centralidad para coronar con éxito la revolución socialista en nuestro continente; al mismo tiempo que obliga a analizar más profundamente la relación entre construcción orgánica, influencia política y legitimidad del partido para medir certeramente cuáles son las posibilidades de la organización en cada uno de los procesos que atraviesa.
Martin Mandeb
1-Para una aproximación más detenida recomendamos “Cuando la revolución caminó por el altiplano” de Martin Camacho. Vease http://www.socialismo-o-barbarie.org/?p=1000
2-Lora reniega bastante en sus balances de la revolución boliviana por el artesanado de su organización en la etapa política más importante de su vida.
Bibliografía
Gonzalez, Ernesto (1955) El trotskismo obrero e internacionalista en la Argentina
Justo, Liborio (1967) Bolivia: La revolución derrotada
Lora, Guillermo (1946) Tesis de Pulacayo
Lora, Guillermo (1984) Origen y limitaciones de la Tesis de Pulacayo
Lora, Guillermo (1985) ¿Por qué no triunfó la revolución de 1952?
Moreno, Nahuel (1973) El partido y la revolución



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