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Los nueve meses que conmovieron al mundo

  • Diciembre
  • 29 abr 2020
  • 6 min de lectura

Actualizado: 5 may 2020

Reseña de "Octubre" de China Mieville


“Las balas de las ametralladoras derribaban a unos y otros. Los manifestantes heridos huían, tambaleándose por los arcos y callejuelas. Los leones que decoraban las fachadas observaban: el cincel les había cerrado las fauces, pero ahora también asomaba una lengua, dibujada por el humo de las calles. En los canales, deslizándose bajo los puentes, las barcazas cargadas de leña de los interminables bosques realizaban sus entregas, como si las calles no estuvieran llenas de sollozos y gritos, como si los coches blindados no atronaran por encima y los tripulantes no tuvieran que agacharse ante los silbidos de proyectiles. Con sus barbas negras, solo fruncían el ceño, mientras sus botes oscilaban sobre las aguas”


China Mieville “Octubre”


“Encender una vela es proyectar una sombra...”


Ursula K le Guin “Un mago de Terramar”


Oh China, China…


China Miéville es hace bastante tiempo uno de mis escritores preferidos. “De ciencia ficción”, debería agregarse, y sería un error. Y octubre es el libro sobre el proceso revolucionario ruso que yo querría escribir. “De divulgación”, dice de nuevo la voz, y vuelve a ser unilateral. Hagamos un pequeño recorrido, a ver si los puedo sumar a mi secta. El autor inglés fue cercano desde su época universitaria en los 90 al SWP de Inglaterra, del cual llegó a ser candidato en las elecciones del 2001. Tiene una biografía interesante (que no vamos a desarrollar aquí para no solaparnos con información disponible a través de todo el internet), pero tampoco excesivamente destacada. Hay sin embargo algo que sí destaca en –casi- todos sus libros: una combinación de temáticas, de atmósferas inmersivas no importa cuán extrañas, de personajes complejos pero no retorcidos, de prosa descriptiva cuando tiene que serlo, y abstracta y poética en las dosis justas. Desde que empezó a editar libros el tipo no para de romperla, aunque eso podría no ser un dato objetivo, todos sabemos que el mundo de los premios y los reconocimientos no necesariamente refleja genialidades. Sin embargo, es un dato: cuatro premios Arthur C Clarke, tres Locus, un Hugo, etc etc ¡a los 45 años! Es decir, en un sentido ha ingresado de lleno en el mainstream de la literatura mundial, haciendo en su terreno eso que nos cuesta a los trotskistas: salir de la marginalidad y tomar la escena por asalto (un asalto libro a libro, en este caso). En el 2013 rompe con el SWP en el marco de una crisis severa de la organización1 a partir de la denuncia de una serie de abusos2, y se suma a la iniciativa de construir una organización syrizista3 a través del contacto con Ken Loach4, el famosísimo director de cine. Y en esa está, se ve, pues hace algunos años que se lo ve menos activo políticamente5. Excepto en su literatura. China no solo sigue activo políticamente en este libro, sino en los predecesores6. Me gustaría escribir que en los sucesivos, pero el futuro está por escribirse. Vayamos entonces a todo lo que significa octubre, de china Miéville.


Solo puede doler…


Octubre fue editado con buen tino editorial de cara al centenario de la revolución rusa de 1917. Si pensamos que es el mismo mundo en cual Putin mandó a hacer la bazofia de la serie “Trotsky”7 y países como EEUU, Inglaterra y Brasil entre otros están gobernados por los sectores más rancios del personal político burgués, el gesto significa por lo menos, un principio reivindicable. El libro está estructurado a partir de los meses que van de febrero a octubre, cada capítulo corresponde a un mes y sus acontecimientos, precedidos de una introducción y un epílogo. Genéricamente, se mueve entre el ensayo histórico y la investigación periodística. No es la primera obra de Miéville fuera de la ficción, ya que el autor ha escrito obras en el terreno del derecho y la antropología, relacionadas con sus estudios universitarios. En los sucesivos capítulos se narra con dinamismo distintos planos del proceso revolucionario ruso. China desarrolla con fascinación los puñetazos verbales, los debates y argumentos en el epicentro de los acontecimientos entre socialistas revolucionarios, mencheviques, kadetes, kerenskyitas y bolcheviques. Miéville da vida a las prácticas democráticas que se siguieron observando en un grado asombroso en el marco de la ruptura del orden burgués y el florecimiento del doble poder: luchas por la redacción de los editoriales de Pravda, los votos (a favor, en contra, las abstenciones) tomados en las reuniones de la Duma y el congreso de los soviets de toda Rusia, en la ola de elecciones municipales, en las reuniones del comité central del partido bolchevique. Leyéndolo queda claro que esto no fue un concurso de señores de la guerra como intentan mostrar muchas obras liberales sobre la revolución rusa, sino una batalla de panfletos y peleas verbales entre hombres con trajes, dotados de un gran talento oratorio; militantes obreros curtidos por años de persecuciones; mujeres musulmanas formando comisiones, redactando programas de reivindicaciones y defendiéndolos en organizaciones de masas; entre un sinfín de actores sociales y políticos, en un sinfín de organismos nuevos de participación y debate que accionaban y peleaban sus orientaciones en una realidad dinámica.


Octubre de Miéville no reemplaza Historia de la revolución rusa, la monumental obra de Carr, ni Historia de la revolución rusa de Trotsky –probablemente su obra cumbre-, por poner dos de los mejores ejemplos. La historia es vieja pero Miéville la vuelve a contar con entusiasmo y empatía. Captura brillantemente las tensiones de golpe y contragolpe y el caleidoscopio de coaliciones que se formaron y luego se rompieron. También hay detalles maravillosos en puntos pequeños. En el tren sellado que lo trajo a él y a sus camaradas de Suiza de regreso a Rusia, Lenin fue el hombre que organizó el sistema de colas para el retrete. En julio, Trotsky actuó como un moderado, diciéndoles a los defensores de la extrema izquierda de "todo el poder para los soviéts" que mantuvieran la calma y se mantuvieran en el puesto de vigilancia, incluso cuando las fuerzas cosacas en Petrogrado estaban matando trabajadores en las calles. En agosto, cuando el general Kornilov montaba su golpe contrarrevolucionario, el primer ministro Kerensky escuchaba arias operísticas en su habitación para tratar de calmar sus nervios. Las vicisitudes de Martov y los mencheviques internacionalistas, las vacilaciones de los eseristas de izquierda, los planes de Lenin de mandar al demonio al propio CC bolchevique que le maniobraba las notas que enviaba a la pravda mientras estaba oculto en Finlandia. Vieja historia contada con dinamismo y erudición.


Porque no estaba escrito en las estrellas…


Mieville escribe “Han transcurrido cien años de toscos, anti-históricos, ignorantes y oportunistas ataques contra Octubre. Sin hacernos eco de tales burlas, no obstante debemos interrogar a la revolución”. En el epílogo retoma un “Qué hacer” menos conocido, el de Chernyshevski, para hacer un balance político en poesía del proceso revolucionario. Sabemos que la libertad llegará, que la lucha y la historia no se detendrán, pero pensar en cómo fue y cómo será no puede sino doler. El giro del partido tras la muerte de Lenin, desde esa idea de que apenas hubo alternativas a intentar sobrevivir en condiciones imperfectas, hasta la última y lamentable esperanza del socialismo en un solo país, muestran el funesto resultado de convertir la necesidad en virtud. Todo el epílogo de Octubre nos arma en muchos sentidos. Es un manifiesto involuntario sobre una manera de afrontar la vida y la lucha, que son cosas parecidas. Nos pinta el cenit en el cual los guardagujas colectivos realmente provocaron un descarrilamiento memorable, de esos que los que dominan dicen que no existen ni pueden existir.


Shevek


1- Más de 700 militantes abandonarían la organización en esa situación según Callinicos.


2- Mala tradición del trotskismo inglés, a mediados de los 80, Healy, fundador y uno de los principales dirigentes del por entonces todavía más grande partido trotskista de Inglaterra el workers revolutionary party, es expulsado en medio de un escándalo nacional por una treintena de denuncias de abusos


3- Left unity, asociado al Party of european left, una internacional que contiene algunos grupos eurocomunistas, otros partidos comunistas sobrevivientes e incluso algunos grupos trotskistas.


4- Tanto el SWP como el Left unity llamaron en el 2019 a votar por el laborismo de Corbyn.


5- No tiene alguna red social en la que vaya volcando sus opiniones políticas, y no ha vuelto a ir de candidato


6- “El concejo de hierro” y “el Azogue” entre los que más


7- Entre una serie de iniciativas estatales que persiguen una mezcla de difamación y enterramiento deliberado del proceso revolucionario


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