Los años más libres de un pueblo
- Diciembre
- 29 abr 2020
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Actualizado: 20 may 2020
El 25 de Abril y la Revolución Portuguesa
Que de las manos salgan gestos
de pura transformación
Entre realidad y sueño
seremos nosotros el vértigo.
Alexandre O’neill
Las armas contra el pueblo: Salazar y el imperio colonial portugués
Las luchas por la independencia iniciadas en Angola, en 1961, marcarían no sólo el ‘principio del fin’ de unas de las empresas ultra-coloniales más longevas en el continente africano, sino que también sellarían el ocaso de la dictadura que gobernaba Portugal desde los años 30: un régimen de matriz fascista, liderado hasta 1968 por Antonio de Oliveira Salazar, y derrotado definitivamente en el 25 de Abril de 1974. El salazarismo se caracterizó, entre otras cosas, por el control corporativo de las organizaciones laborales, por la proscripción de los partidos políticos y organizaciones de izquierda, por altísimos niveles represivos llevados adelante por la temeraria Polícia Internacional e de Defesa do Estado (PIDE) y por un atraso significativo, hasta los años 60, en los niveles de desarrollo industrial, técnico y cultural de la sociedad portuguesa.

Para enfrentarse a los conflictos ultramarinos iniciados en 1961, la dictadura salazarista impuso un proceso de conscripción masiva de la población juvenil masculina, estableciendo un servicio militar obligatorio de 4 años, de los cuales al menos la mitad se realizaba en territorio africano. Los costos económicos y sociales de un guerra duradera, agravados por las sucesivas derrotas y la creciente desmoralización experimentada por las tropas mixtas (conscriptos y militares de carrera) menguaron progresivamente el apoyo de los sectores medios a la dictadura y generaron fisuras cada vez más drásticas en el interior de las propias fuerzas armadas.
De este ambiente de contrariedad, y reflejando contradicciones de la lucha de clases en el interior del propio ejército, emergió el Movimento das Forças Armadas (MFA), compuesto mayoritariamente por oficiales jóvenes (‘los capitanes’), responsables por liderar la maniobra militar que decretó el fin de la dictadura salazarista y abrió paso a una revolución social sin precedentes en aquel país. Originada de esa derrota militar del ejército portugués en la guerra contra los movimientos de liberación nacional en Guinea-Bissau, Angola y Mozambique, y en medio a la profunda crisis capitalista iniciada en 1973, la Revolución Portuguesa vio su alcance profundamente amplificado por el protagonismo que asumiría en su desarrollo el joven movimiento obrero portugués.
Las armas del pueblo: El 25 de Abril y la revolución portuguesa
Las fotografías de aquella mañana de 25 de Abril de 1974 dan cuenta del significado político del movimiento tanto cuanto de su potencial emancipador. Los rebeldes, haciendo rimar sus fusiles con los claveles distribuidos masivamente entre la población, empezaban a decretar la muerte de los fascismos en Europa: la revolución portuguesa demarcará, entre otras cosas, los estertores del franquismo en España. Pero la lírica libertaria paseaba las calles desde la madrugada anterior y superaba, por mucho, el mismo contenido original de la operación militar que la llevaría a cabo. A las 00:20 de ese día, en la Radio Renascença, se emitió para toda Lisboa la señal definitiva de posta en marcha del golpe: “Grândola, Vila Morena”, la canción de Zeca Afonso portadora de un mensaje inexorable: “el pueblo es quién más ordena dentro de ti, oh ciudad”.

Tras la caída definitiva de Marcelo Caetano, una serie de maniobras por parte la burguesía y el alto oficialato portugués, encarnado inicialmente en la figura del general Spínola, intentarían, sin éxito, poner freno al impulso revolucionario que emergía de las calles y que quedaría plasmado, desde un principio, en las radicales conmemoraciones del 01 de Mayo de aquel año. La alternancia y la composición de los distintos gobiernos provisorios que sucedieron el 25 de Abril, dan cuenta de la pugna entre actores políticos y clases sociales por la dirección del proceso abierto tras la derrota de la dictadura. La periodización de los eventos que compusieron el llamado Proceso Revolucionario En Curso (PREC) – abril de 74 a noviembre de 75 - fue elaborada de forma contundente, en momentos distintos, por autores como Valerio Arcary y Raquel Varela:
a) Entre abril de 1974 y septiembre de 1974 la revolución es marcada, después del golpe inaugural, por un período en dónde son determinantes las luchas sociales, sea en la metrópoli o en las colonias, por acciones (huelgas) o renuncias a actuar (tropas en las colonias desmoralizadas para la guerra y oposición del MFA a continuar guerreando) y que llevan finalmente a la caída de Spínola en septiembre de 1974 y a un refuerzo de las estructuras frente-populistas (refuerzo del peso del Partido Comunista Portugués y del MFA para estabilizar el movimiento reivindicativo) en el gobierno, a partir del 28 de septiembre, con el III Gobierno Provisorio. Este período s marcado, desde el punto de vista social, por la conquista de las libertades democráticas – aseguradas luego al fin de pocos días del golpe – y por la permanencia de una movilización social donde la huelga es la forma de lucha determinante, así como el inicio de la lucha contra los despidos.
b) Entre septiembre de 1974 y febrero de 1975, un segundo período marcado por la lucha contra los despidos que lleva a la generalización de la ocupación de empresas y al refuerzo de las comisiones de trabajadores como órganos de poder paralelo al Estado. La ocupación de fábricas y empresas obliga el Estado a movilizar capitales para mantener la producción. Se profundiza la crisis económica.
c)De febrero de 1975 a septiembre de 1975 empieza el período de control obrero. El Partido Socialista intentará, por la autogestión y por el refuerzo de la legitimidad electoral (elecciones para sindicatos, autarquías, legitimidad de la Constituyente), subvertir el control obrero; la extrema izquierda, en su mayoría, apoyará el control obrero; el PCP buscará contener el control obrero mediante la nacionalización de las empresas y el intento de militarización del movimiento popular con el Documento Guía Pueblo-MFA. Todos los partidos gubernamentales van a intentar poner fin al control obrero a través de la política de batalla de la producción. No consiguen y, en agosto, se formaliza la ruptura gobernativa. El control obrero será marcado por el nacimiento de estructuras embrionarias de coordinación nacional de órganos de poder obrero y popular, a partir de mayo de 1975 (CRTSM, el Comité de Lucha de Setúbal, Coordinadora de las Comisiones de Trabajadores de la metalmecánica, de las CTCIL). La coligación es desmembrada.
d) De septiembre de 1975 a noviembre de 1975, crisis revolucionaria, conocida como “crisis político-militar”, o sea, el período histórico en las revoluciones en que hay o un desplazamiento del Estado bajo la égida de los trabajadores o un golpe pone fin a la revolución; estos períodos son marcados por el rechazo de la burguesía a aceptar la expropiación que le lleva a iniciar una guerra civil. En este período, el Estado no consigue gobernar, se generaliza la dualidad de poderes a todos los niveles y todas las medidas del Estado son imposibilitadas por huelgas, manifestaciones, ocupaciones (Puente 25 de Abril, cerco a São Bento, emisores de radio, etc.). Consideramos que la crisis revolucionaria solo empieza en septiembre de 1975, en la medida en que la crisis del MFA, que empieza a comienzos del verano, solo en septiembre resulta en la diseminación de la dualidad de poderes en las Fuerzas Armadas. El PS está con toda la derecha y el Grupo de los Nueve decidido a poner fin al proceso mediante un golpe de estado; el PCP se apoya en la movilización para garantizar la reforma agraria y (posiblemente) la independencia de Angola bajo la égida del MPLA. La izquierda militar, apoyada en una situación de generalización de la dualidad de poderes dentro de los cuarteles, va a reflejar la movilización general de la sociedad, pero ni la izquierda militar tiene un proyecto político coherente ni los organismos de poder operario y popular están centralizados, a nivel nacional, en aquello que sería un “soviet” capaz de resistir al golpe. La revolución es derrotado. Las únicas estructuras con poder nacional rehúsan y no resisten, nombradamente la Intersindical.
Mientras duró el proceso revolucionario en Portugal, los trabajadores, a través de métodos propios de organización y de lucha (ocupaciones de tierras y fábricas, huelgas, autogestión de lugares de trabajo, etc.) lograron extraer a las fracciones burguesas que pugnaban por la ‘normalización democrática del país’ conquistas tales como la reforma agraria, la nacionalización de la banca y de grandes empresas, el aumento de los salarios, la destrucción del aparato represivo dictatorial (la PIDE) y la gestión colectiva de instituciones educativas y laborales.
La revolución desarmada

Una de las marcas definitivas de la gesta revolucionaria en Portugal fue exactamente este protagonismo asumido por las amplias masas populares en la pelea cotidiana por la transformación de sus condiciones de vida.
Aun cuando en PCP [Partido Comunista de Portugal. Nota del editor] apostaba toda su inmensa autoridad en frenar las huelgas, las invasiones de latifundios en el Alentejo se generalizaban, al mismo tiempo en que las ocupaciones de casas deshabitadas en Lisboa y Porto se alastraban; saneamentos – eufemismo para expulsión de los fascistas – realizaban depuraciones en la mayor parte de las empresas, a empezar por el servicio público, y la presión estudiantil en las universidades imponía asambleas deliberativas. Toda la antigua orden parecía desabar.
Tras 48 años de dictadura salazarista, el 25 de Abril de 1974 inauguró, para las clases populares, una profunda experiencia de intervención directa en la política que iba desde las asambleas barriales y comunitarias a las ya mencionadas comisiones de trabajadores y la gestión fabril, con mecanismos, no obstante limitados, de poder dual en relación al aparato estatal. A pesar de no haber engendrado una mutación orgánica de la naturaleza de clase del Estado, el rol protagónico asumido por la clase obrera en el proceso revolucionario portugués fue definitivo para la obtención de esas conquistas y para su cristalización ante una correlación de fuerzas francamente tensionada.
En abril de 1975, la realización de la asamblea constituyente empezaría a asentar la primacía del Partido Socialista, particularmente en la figura de Mario Soares, en la dirección de la ‘reacción democrática’ al proceso revolucionario portugués. La ventaja electoral obtenida por el PS le permitió constituir a su alrededor un campo político que incluía, con apoyo de la burguesía estadunidense y europea, la Iglesia Católica, partidos políticos más a la derecha y sectores medios del campo y de la ciudad interesados en la estructuración, en Portugal, de una ‘democracia occidental’ en oposición a los proyectos radicalizados encabezados por sectores revolucionarios y la clase obrera.
El verano europeo de aquel año fue, para los portugueses, particularmente caliente. Entre julio y noviembre, se asistió a una radicalización anticapitalista de las bases del PC y del PS, a la conformación de agrupamientos auto-organizados en el seno de ejército y la marina, y a la cristalización de las independencias en las colonias africanas (Angola fue la última, en 11 de noviembre de 75). La realización de manifestaciones armadas denotaba la trascendencia de la coyuntura. Los momentos finales de la revolución opusieron, en un conflicto permanente que desbordaba los mecanismos institucionales y encontraba en la calle su escenario privilegiado, a los sectores representados por el MFA (con sus propias fracturas internas), al polo reaccionario agrupado alrededor del Partido Socialista y al movimiento obrero movilizado en las fábricas, empresas y universidades. En las palabras de Arcary:
Tres legitimidades políticas, tres bloques de clases y alianzas sociales, tres proyectos estratégicos, en fin, una sucesión de gobiernos provisorios en una situación revolucionaria, con una sociedad dividida en tres campos: el de apoyo al gobierno del MFA, y dos oposiciones, una de derecha (con una pata en el gobierno y otra afuera, pero con importantes relaciones internacionales) y otra de izquierda (con una pata en el MFA y otra afuera, con una devastadora dispersión de fuerzas). Ninguno de los bloques políticos conseguía afirmarse de por si durante el verano de 1975. Fue entonces que la contrarrevolución recurrió a la movilización de su base social agraria en el Norte, y algunas partes del centro del país. Pero, la reacción clerical reaccionaria era todavía insuficiente. Portugal ya no era el país agrario que Salazar había gobernado. Se apeló, entonces, a la división de la clase obrera, y para ello el PS de Mario Soares era indispensable. Recurrió a la estrategia del alarme, del miedo, del pánico para asustar e insuflar a los sectores de clase media propietaria contra la clase operaria. Pero, sobre todo, la cuestión prioritaria para la burguesía, entre marzo y noviembre de 1975, fue la recuperación del control sobre las Fuerzas Armadas.6
La consecución del golpe militar de 25 de noviembre de 1975 que puso fin a los gobiernos provisorios del Proceso Revolucionario En Curso, resultó en la desarticulación de la dualidad de poderes en las Fuerzas Armadas e inauguró el proceso de lenta estabilización del régimen democrático liberal. No fue capaz, sin embargo, de desarticular el legado de una experiencia que puso abajo una dictadura fascista, extirpando durante más de un año sus resquicios políticos y legales, que representó el golpe final al colonialismo portugués en África y que, en sus momentos más brillantes, puso en jaque, a través de la organización obrera y popular, la propia supervivencia del capitalismo en Portugal.
Antonio Trevico
1- GRUPOS ARMADOS atacam três prisões em Angola, Folha de São Paulo, 05 de Fevereiro de 1961. Disponível em: https://acervo.folha.com.br/leitor.do?numero=375&keyword=Angola&anchor=4479090&origem=busca&pd=1138f526f581692e1e108e07f52e2222
Antonio Trevic sobre Angola na ONU é uma condenação da administração colonial lusa. Folha de São Paulo, 16 de março de 1961. Disponível em: https://acervo.folha.com.br/leitor.do?numero=375&keyword=Angola&anchor=4479090&origem=busca&pd=1138f526f581692e1e108e07f52e2222
3-Todas las traducciones son de autoria del autor del texto.
4-VARELA, Raquel; PAÇO, António; ALCÂNTARA, Joana. A Revolução dos Cravos: revolução e democracia, um debate. Outros Tempos, vol. 11, n.17, 2014 p. 212-229. ISSN:1808-8031
5-ARCARY, Valerio. A revolução portuguesa 1974/75: uma revolução solitária. Disponible em: https://esquerdaonline.com.br/2018/04/25/a-revolucao-portuguesa-197475-uma-revolucao-solitaria/
6- Idem.



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