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Amanecer de Diciembre

  • Diciembre
  • 29 abr 2020
  • 5 min de lectura

Actualizado: 5 may 2020


Carta de presentación


Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad , es la historia de la lucha de clases.


172 años. Hace 172 años uno de los genios más grande que ha tenido la humanidad comenzaba a escribir su manifiesto político que, poca cosa, terminarían determinando el curso de toda la humanidad hasta la actualidad. Este joven de 30 años, (ni Filósofo, ni Historiador, ni Economista, ni Sociólogo, sencillamente Marx) vislumbro la aparición de un nuevo fenómeno en el desarrollo de la humanidad, vislumbro la aparición de una nueva corriente en el joven sistema capitalista, vislumbro el recorrido espectral en el viejo continente de algo que era, pero no por demasiado tiempo, un fantasma amenazante que agitaba las cadenas de la explotación y no permitía dormitar con tranquilidad a los dueños de las moradas productivas.


La aparición de comuneros en una experiencia de autogobierno, junto a la masacre perpetrada por mercenarios capitalistas para obtener el retorno a la normalidad en el centro Francia fue tan solo la primera demostración de que la amenaza no era fantasmagórica, el sepulturero del capitalismo empezaba a ser de carne y hueso, y ya no más un relato de un joven afín a la bebida y a lecturas filosóficas extrañas. La comuna fue el primer aviso de que el joven proletariado lucharía por el mundo con todo lo que hay en él, y que no habría crisis o guerra que pudiera frenar su búsqueda desesperada de revolucionar la vida humana.


Mucha agua ha pasado por debajo del puente, muchas luchas han atravesado el siglo más largo que algún humano recuerde. Una lista de crisis político-económicas que no se puede terminar nunca de contar; dos guerras mundiales que tomaron más de cien millones de vidas y que solo fueron el punto más alto de una larga cantidad de conflictos bélicos; Revoluciones y contrarrevoluciones, rebeliones y alzamientos obreros, huelgas generales políticas, y huelgas económicas. El proletariado llevaba adelante todo tipo de luchas, obtenía enormes triunfos que teñían con su tono rojizo al siglo, clamaba por nuevos octubres… pero la cobarde burguesía, ni lenta ni perezosa, se había preparado y daba sus batallas contra su enemigo mortal. Los asaltos al cielo por parte de endemoniados proletarios y rojos dirigentes encontraban respuestas de tropas blancas y fascistas, con rasgos más propios de bestias que de ángeles.


Pero las bestias no eran débiles, y a los insurgentes mucho por aprender les quedaba, tanto de las fortalezas del adversario como de sus debilidades. Octubre legó al mundo los más nobles sentimientos revolucionarios y las enseñanzas de enormes dirigentes; Pero también creó las batallas más duras para esos dirigentes, también creó los obstáculos más difíciles de sortear para esos revolucionarios, y todo ese combo produjo la negación política para todo lo obtenido con sangre, sudor y lágrimas. De la combinación de diversos factores nació un enemigo al interior de nuestra más grande organización. Del interior de nuestros más grandes maestros, se erigió un despreciable ser que se puso saco y corbata, se nombró secretario general y nos impuso las más grandes derrotas, para felicidad del capital.


Derrota tras derrota, traición tras traición, las batallas se sucedieron hasta que un horrible día se derrumbó ese famoso muro que nosotros no habíamos construido pero al cual se nos cargo el pago de su puesta en pie y de la limpieza de por su destrucción. “Antes de que puedan levantarse debajo de sus ladrillos se acabará el mundo” pensaron los grandes propietarios, y declararon el fin de la historia.


Y en la cabeza de muchos surgió la pregunta de siempre ¿Qué hacer?

Y lo que menos hay es claridad en la respuesta.


Las derrotas y los retrocesos aturden, confunden, cuestionan, obligan a preguntarse todo de nuevo. Las derrotas generan desconfianza, o en el peor de los casos, desmoralización.


“¿Qué sentido tiene esta batalla, si ni siquiera sabemos cómo darla?”


Algo de razón tienen esas palabras. La historia no finaliza pero tampoco comienza desde cero. Muchas incógnitas hay ocultas sobre lo que verdaderamente fue la razón de nuestra derrota y lo que debió ser para que tuviera otro destino. Pero estas ecuaciones no son matemáticas, y por lo tanto no tienen una respuesta exacta.


Es por ello que la izquierda debe problematizar, tratar entonces de aprehender las lecciones de lo acontecido para comprender mejor nuestra acción y su devenir. La izquierda debe crear canales donde se debatan ideas, donde nuestras estrategias y tácticas estén en polémica, no para auto-complacerse sino para rectificar lo que deba ser rectificado y defender los horizontes esenciales que debamos mantener con la meta clara de que nuestro objetivo es la transformación de la vida material.


Venimos desde muy lejos y aún nos queda mucho por aprender de la actuación de nuestros maestros, tanto de sus errores como de sus aciertos. Intervenimos en nuestra práctica diaria, en nuestra praxis cotidiana, pero no tenemos claridad sobre las formas acertadas de hacerlo. Tenemos una gran cantidad de acumulación teórica, pero la mantenemos fragmentariamente y no la problematizamos. Construir canales que aporten al objetivo de resolver estos problemas que cargamos no es un simple capricho intelectual, sino una necesidad que a gritos nuestra militancia nos pide resolver.


Pero para que esta tarea tenga el filo que sólo detentan las ideas revolucionarias, es necesario que nuestra reflexión este mediada por la intervención cotidiana. Que las experiencias e dlas luchas que masivamente se sucedieron en este nuevo mundo marcado por la caída de la unión soviética sirvan de orientación en nuestro cámino. Que nuestras ideas estén atravesadas por las luchas de los movimientos estudiantiles a lo largo y ancho del globo, las luchas de la juventud que construye sus herramientas en nuevas experiencias políticas; las luchas del movimiento feminista que alcanzan y derriban las concepciones medievales que aun hoy se conservan; las luchas del movimiento ecologista que toman el carácter de imprescindibles ante los acontecimientos que hoy vivimos; las luchas, aunque aún hoy de vanguardia, pero que lleva adelante, de manera muy firme, la clase obrera contra la ofensiva neoliberal; las luchas masivas de nuevas generaciones que entran a escena y que llevan adelantes verdaderas rebeliones populares, las luchas que en defenitiva construyeron y construyen jornadas como las del Diciembre argentino del 2001.


Con este objeto un conjunto de militantes decidimos crear este espacio, para discutir, para problematizar, para aportar a la actuación en la realidad. Muy seguros de que con la luz que aporta la teoría y el calor que trasmite la experiencia de la lucha podrá salir un nuevo sol que ilumine nuestros Diciembres y los transforme, una vez más, en los Octubres más emocionantes que ha atravesado nuestra sociedad.




Martin Mandeb




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